Actualidad Cine comestible: Ve la película, prueba la película

Cine comestible: Ve la película, prueba la película. Cine Comestible, Acciones de marketing en cine
Pocas marcas se arriesgan con el marketing sensorial, pero las hay atrevidas.

25 noviembre 2015

Acciones Marketing

Pocas marcas se arriesgan con el marketing sensorial, pero las hay atrevidas, que son capaces de realizar acciones de cine comestible. Sobre todo si brindan la oportunidad al consumidor de probar y disfrutar de un sinfín de sensaciones con productos asociados y relacionados acorde a la temática de una película.

La iniciativa parte en el Museo de Ciencias Naturales de Londres. A través de la instalación de una gran pantalla de cine Imax con más de 400 butacas y algunos títulos como, entre otros, la proyección de “Charlie y la fábrica de chocolate” de Tim Barton, el “Laberinto del Fauno” de Guillermo del Toro, o incluso algunos clásicos como “Un lobo hombre americano en Londres”, consiguen deleitar al público y hacerles vivir una experiencia única.

Sin duda, los títulos suenan apetecibles. La sesión, organizada por Edible Cinema, trata que los espectadores pasen una sesión inolvidable y comestible al mismo tiempo. La experiencia ofrece y permite aprovechar en cada momento el sabor, el olor y la textura de cada producto con el objetivo de mejorar la propia experiencia en el cine.

Se ofrece a cada invitado una bandeja con distintas cajas sorpresa y cada una de ellas contiene un bocado degustación que se puede abrir y probar siguiendo las indicaciones que se van mostrando en diferentes escenas de la película.

Los comestibles se basan en productos u objetos que aparecen literalmente en cada uno de los títulos, en el ambiente, el diálogo y al fin y al cabo en el contexto en sí mismo. Los comensales cuentan con una variedad de platos, que acompañados y bajo el patrocinio de marcas tan conocidas como por ejemplo la ginebra Bombay Sapphire, les hacen vivir una serie de momentos sensoriales encadenados entre sí.

Los menús, alternando entre dulce y salado, no se centran tanto en alimentos que literalmente están en pantalla, sino más bien en el contexto en sí de una determinada escena concreta, en la que el diálogo y las sensaciones provocan y animan a ir acompañadas de un determinado plato con ingredientes muy propios y seleccionados con sumo cuidado para la ocasión.

En el “Laberinto del Fauno”, cuando los personajes van caminando a través del bosque de pinos, y el sonido de las pisadas ensalza ciertos aromas a madera y leña, es el momento de abrir la caja cuyo contenido esconde unas palomitas tostadas recién hechas.

Durante la sesión “Un hombre lobo americano en Londres” cuando David mira fijamente a los vagabundos sabiendo que serán su próxima cena, justo en este momento toca degustar los “tramps fingers” de codorniz ahumada, situación que provocó el pánico generalizado en la sala con gritos y momentos de horror.

Más dulce en cambio fue la experiencia con Charlie y su fábrica de chocolate, donde dando por hecho que el largometraje es más bien para niños, ya se advirtió: dejarlos en casa y disfrutar de una experiencia única, mejor esta vez, sólo para adultos.